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¡Jesús ha resucitado!

Domingo de Pascua de la Resurección del Señor
¡Jesús ha resucitado! 

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35
El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?”

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?” Él les preguntó: “¿Qué cosa?” Ellos le respondieron: “Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”.

Entonces Jesús les dijo: “¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?” Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a Él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, por que ya es tarde y pronto va a oscurecer”. Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!”

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: “De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón”. Entonces ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Meditación
Después de los acontecimientos de la pasión y muerte de Jesús, los discípulos hablaban de los últimos días y caminaban con aire entristecido, su fe en Jesús se estaba derrumbando ante el aparente fracaso de la cruz.

También nosotros podemos llegar a experimentar el desaliento, las dificultades de la vida o nuestras propias faltas nos pueden impacientar, hacernos desistir de la lucha por la santidad. Ante esto, debemos recordar que Jesús, como a los discípulos de Emaús nos acompaña en el camino, está siempre con nosotros.

El pasaje evangélico nos narra cómo mientras los discípulos andaban, se les acercó un peregrino que les preguntó por qué estaban tan tristes. Cuando le explicaron su pesar, comenzó a interpretarles las Escrituras en sentido mesiánico, les explicó que el Mesías debía liberar a la humanidad del pecado.
Jesús les enseña que su pasión y muerte, no habían sido algo inútil, sino que, eran el precio de la redención. ¡Qué maravillosa explicación debió ser aquella que encendió los corazones de esos apóstoles! ¡Con qué espíritu deberíamos nosotros acercarnos también a la Palabra de Dios y así Él podría acrecentar nuestra fe y esperanza en Él!

Al llegar la tarde, el peregrino se hospedó con los discípulos, comenzó la cena y al partir el pan le reconocieron: ¡Jesús ha resucitado!
Si le pedimos a Jesús, como aquellos dos hombres, que se quede con nosotros, nos ofrecerá también su Eucaristía.

Reflexión apostólica
La condición para poder llevar a los demás el mensaje de Cristo, es la fe, el amor y la esperanza viva en Él. La vocación y misión del cristiano consiste en conocer a Jesús, vivir su mensaje y comunicarlo hasta lograr que su amor llegue a todos los hombres.

Propósito
Acercarme a Cristo y pedirle que renueve mi fe en Él.

El día del Señor

Sábado Santo
El día del Señor 

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 28, 1-10
Transcurrido el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran temblor, porque el ángel del Señor bajó del cielo y acercándose al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima de ella. Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: “No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán’. Eso es todo”.

Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: “No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”.
Meditación
El domingo, es el día del Señor, porque es el día de la Resurrección. El mandamiento de Jesús de “hacer esto en memoria mía”, no exige solamente acordarnos de lo que hizo, sino de acudir a la celebración litúrgica. Para los primeros cristianos la Celebración eucarística dominical no era un precepto, sino una necesidad interior, porque sin Aquel que ha dado la vida por nosotros, la misma vida queda vacía. ¿Tiene esto relevancia para nosotros cristianos de hoy?

El domingo se ha transformado en un día de descanso, pero debemos llenar el tiempo libre dándole un sentido, dedicándole un tiempo a Dios.
Como María Magdalena, nosotros también tenemos necesidad de encontrarnos con el Resucitado, más allá del activismo de la vida diaria, para convencernos de que podemos contar con su amor de Dios hecho hombre.

Reflexión apostólica
El Regnum Christi, una vocación en la Iglesia.
¡Hagamos del domingo, el Día del Señor! Demos prioridad a la asistencia a la Santa Misa como quien va a encontrarse con el mejor Amigo. Vayamos de preferencia en familia.

Asimismo, busquemos cooperar activamente en la vida parroquial, participando en las celebraciones, apoyando generosamente a los párrocos en sus proyectos y necesidades, y poniendo la iniciativa apostólica al servicio de la Iglesia local.

Propósito
Vivir la celebración eucarística como un encuentro personal con Jesucristo. Para ello, busquemos detalles que nos ayuden a vivirla con atención y fervor (llegando puntuales, escuchando el mensaje de las lecturas, participando en los cantos, etc.).

Amar como Jesús

Evangelio
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1-19, 42Debido a la longitud del pasaje evangélico, sugerimos a nuestros lectores acudir directamente a un Evangelio impreso.
Meditación
La liturgia del Virnes Santo nos permite meditar en los ejemplos de Jesús. Por un lado, su vida, pasión y muerte en la Cruz nos muestran que hemos de buscar la vida eterna por encima de todo. El hombre vale tanto para Dios que Él mismo quiso padecer. De aquí también se desprende que Cristo esta con nosotros en cada sufrimiento.

La contemplación de Cristo Rey coronado de espinas, nos ha de mover a decirle con nuestra vida que queremos que reine en nuestros corazones, en nuestros pensamientos, en nuestras palabras, en todo lo que somos.

Cuanta veces quisiéramos decir a Jesús que su yugo nos parece pesado, que no podemos cargar con la cruz que nos ha dado. Pero si lo miramos a Él, que experimentó el dodlor, la obediencia, la crucifixión… entonces dejaremos de lamentarnos. Descubriremos que cuanto más lo amamos, tanto más ligero nos resulta su yugo, y se convierte en camino de alegría y salvación.

Reflexión apostólica
Mi única pasión es Cristo que me amó y se entregó por mi.
Meditemos profundamente en la Pasión de Cristo, no sólo hoy, sino especialmente todos los viernes, démonos cuenta de que nosotros también somos protagonistas de su pasión con nuestros pecados y busquemos colaborar en la salvación de las almas en un apostolado concreto.

Propósito
Vivir hoy con un gran sentido de ofrecimiento, incluyendo nuestras dificultades en los padecimientos de Cristo; ofrecer también los pequeños problemas cotidianos, por aquellas personas que viven más alejadas de Dios

Los amó hasta el extremo

Jueves Santo
Los amó hasta el extremo 

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?” Jesús le replicó: “Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”. Pedro le dijo: “Tú no me lavarás los pies jamás”. Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Entonces le dijo Simón Pedro: “En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos”. Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos están limpios”.
Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si soy, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”.

Meditación
Jesucristo no tiene inconveniente en rebajarse para lavarnos los pies y hacernos hermanos suyos. En cambio, nosotros, con qué facilidad nos ponemos sobre el pedestal del orgullo o sobre los demás. Así, las actitudes de soberbia o egoísmo nos colocan en el extremo opuesto del testimonio que nos ha dado Cristo.

Fijémonos en Jesús, al acercarse el momento de su Pasión, rodeado por los discípulos nos da su mandamiento nuevo. Entonces, si somos fieles a su Palabra nunca nos permitiremos odiar a nadie, ni a nuestros enemigos, no devolveremos mal por mal, renunciaremos al rencor, a la envidia. Más aún, nos distinguiremos por pronunciar palabras de benedicencia sobre los demás, por sentir responsabilidad por los otros, por acompañar al que sufre, por no despreciar a nadie, etc.

El mejor testimonio de fe que podemos dar los cristianos al mundo es el de la caridad, el de un amor que llega a “crucificarse” por los otros, como Jesús. Este amor no es fruto del mero esfuerzo humano, es un don de Dios que debemos pedir.

Reflexión apostólica
Nuestra misión: conocer, vivir y dar a conocer el amor.
La caridad es el sello del auténtico apostolado, la caridad es la fuerza evangelizadora del cristianismo. En estos días santos pidámosle a Jesús con renovado fervor que el amor se convierta en el centro de nuestras vidas, de manera que la caridad impregne nuestro pensamiento, nuestro corazón, nuestras palabras, nuestras obras y se manifieste de modo concreto en la benedicencia.

Propósito
Hoy me esforzaré por seguir el ejemplo de Cristo que sirve a los demás, aunque ello implique humildad o desprendimiento.

¡Examíname, Señor!

Miércoles Santo

¿Examíname, Señor! 

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 26, 14-25
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

El primer día de la fiesta de los panes Azimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” Él respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’”. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.

Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”.

Meditación
La traición de Judas nos invita a considerar que en nuestra vida de cristianos no es posible quedarse inmóviles. Es necesario ir avanzando hacia la santidad. El fuego del amor de Dios necesita ser alimentado, crecer cada día.

¿Estamos avanzando en deseos de santidad y de fidelidad a Cristo? ¿Somos más generosos con Dios? ¿Hacemos algo por la salvación y el bien de nuestros hermanos? ¿Qué es lo que Dios me pide arrancar de mi corazón? Es necesario que cada uno responda estas preguntas en diálogo con Cristo para que la imagen del Señor se vaya reflejando más en nuestra conducta.

Hemos de recomenzar y convertirnos siempre de nuevo. Para ello, seamos fieles a Cristo cada día. Por ejemplo, cumpliendo con responsabilidad nuestros deberes, siendo siempre sinceros sin permitirnos ni siquiera mentiras leves, evitando incluso los pequeños apegos a los bienes materiales… Las grandes infidelidades comienzan por lo pequeño, y también nuestra perseverancia final se construye en los detalles de cada día.

Reflexión apostólica
Mi vida es una y breve: mi destino, la eternidad.
La vida humana es un constante volver hacia la casa de nuestro Padre. Tomemos la decisión firme de mejorar nuestra vida, que se manifieste en obras de sacrificio y de entrega también por los demás.

Para lograrlo ayudémonos de la fidelidad a nuestros compromisos de vida espiritual y vida cristiana, ya que todo progreso en la santidad y todo fruto en el apostolado dependen de la gracia y de la ayuda de Dios.

Propósito
Concluir mi oración considerando qué es lo que Dios me pide, qué propósitos, qué decisiones debo tomar, recordando que Jesús es nuestro modelo y que nuestra meta en la vida ha de ser la santidad.

Uno de ustedes me entregará.

Martes Santo
Uno de ustedes me entregará 

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38
En aquel tiempo, cuando Jesús estaba a la mesa con sus discípulos, se conmovió profundamente y declaró: “Yo les aseguro que uno de ustedes me va a entregar”. Los discípulos se miraron perplejos unos a otros, porque no sabían de quién hablaba. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, se hallaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo una seña y le preguntó: “¿De quién lo dice?” Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?” Le contestó Jesús: “Aquel a quien yo le dé este trozo de pan, que voy a mojar”. Mojó el pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote; y tras el bocado, entró en él Satanás.

Jesús le dijo entonces a Judas: “Lo que tienes que hacer, hazlo pronto”. Pero ninguno de los comensales entendió a qué se refería; algunos supusieron que, como Judas tenía a su cargo la bolsa, Jesús le había encomendado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el bocado, salió inmediatamente. Era de noche.

Una vez que Judas se fue, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

”Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Me buscarán, pero como les dije a los judíos, así se lo digo a ustedes ahora: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden ir’”. Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. Jesús le contestó: “¿Con que darás tu vida por mí? Yo te aseguro que no cantará el gallo, antes de que me hayas negado tres veces”.

Meditación
Judas era uno de los Doce, uno de los Apóstoles escogidos por Jesús, pertenecía al grupo de sus colaboradores más cercanos… ¿Por qué pues traicionó al Señor? Pudo ser la avidez por el dinero, tal vez tenía una imagen equivocada del Mesías… lo cierto es que dejó entrar en su corazón a la tentación del mal. Y nosotros, ¿con qué frecuencia aceptamos la tentación?

No obstante, Jesús trató a Judas como un amigo. De hecho, en su vida pública, Cristo invitó a todos los hombres a la fe y a la conversión, pero no forzó jamás a nadie. Por el contrario, Jesús respeta siempre nuestra libertad.

Tras la caída, el mismo Judas se arrepintió, pero su arrepentimiento degeneró en desesperación. Sin embargo, nunca debemos desesperar de la misericordia de Dios. Él es rico en perdón, nos espera en la oración y en la Confesión. Todo esto ha de alimentar nuestra esperanza, aun en la más grave de las caídas.

Reflexión apostólica
Porque amo a Dios, amo su voluntad por encima de todo.
Todos tenemos la posibilidad de traicionar el amor de Dios en nuestra conciencia. El modo de prevenirlo es permanecer cerca de la gracia, de los sacramentos, atentos y vigilantes a convertirnos cada día.

Conviene también cuidar el tipo de lecturas, comportamientos, espectáculos, ambientes a los que acudimos, reconociendo que la grandeza de la persona se mide por el dominio de sí, por la coherencia con las propias convicciones y la fidelidad a Dios.

Propósito
Cuando vea un mal testimonio o ejemplo, en lugar de juzgar negativamente, renovaré mi empeño por convertir mi propio corazón a Dios y ofreceré un sacrificio concreto para reparar el corazón de Cristo, herido por los pecados del mundo.

Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura.

Lunes Santo
Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura. 

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan 12, 1-11
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del perfume.

Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar a Jesús, exclamó: “¿Por qué no se ha vendido ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?” Esto lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que echaban en ella.

Entonces dijo Jesús: “Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres sostendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán”.

Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de que Jesús estaba allí, acudió, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes deliberaban para matar a Lázaro, porque a causa de él, muchos judíos se separaban y creían en Jesús.

Meditación
La liturgia nos conduce hoy a Betania, donde, seis días antes de la Pascua, Lázaro, Marta y María ofrecieron una cena al Maestro. La cena de Betania es un anticipo de la muerte de Jesús. El Señor acepta la unción de María en previsión de su sepultura. No obstante, la presencia de Lázaro es testimonio del poder de Cristo sobre la muerte, con lo cual el pasaje es también anuncio de la Resurrección.

Además de este significado, las líneas evangélicas encierran afecto, devoción, y alegría por la visita de Jesús. Sí, la presencia de Jesús en el corazón es siempre motivo de una profunda felicidad. Con la fe, no nos consideraremos nunca desgraciados.

Particularmente el gesto de María muestra el amor que tenía al Maestro. El evangelista anota que usó un ungüento “muy caro”. Esto nos habla de cómo debemos tener a Cristo un amor sin reservas y sin escatimar sacrificios, dándole, no lo que nos sobra, sino lo mejor de nuestra vida, aunque cueste.

Reflexión apostólica
Buscar la acción más eficaz es un principio práctico para lograr el éxito en nuestra misión.
La lógica del amor de María de Betania escandaliza a Judas Iscariote que se movía por el interés económico. Miremos nuestra vida y analicemos si nuestra escala de valores se parece a la de María de Betania que dio lo mejor al Señor.

Recordemos que para responder a nuestra vocación cristiana, además de cultivar la oración, es necesaria una actitud de generosidad y magnanimidad, al margen de los gustos, caprichos o egoísmos.

Propósito
Buscar hoy, como María de Betania, ofrecerle a Dios y a los demás lo mejor en el servicio y la donación.

Domingo de Ramos

Domingo de Ramos
¿Cómo pagarle tanto Amor? 

Evangelio
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 26, 14-27, 66
Debido a la longitud del pasaje evangélico, sugerimos a nuestros lectores acudir directamente a un Evangelio impreso.

Meditación
La lectura del Evangelio de hoy pone ante nuestra consideración algunas escenas terribles de la Pasión del Señor: su sufrimiento físico y moral, el beso de Judas, la traición de los discípulos, el juicio ante Pilato, los insultos, la subida al Calvario y su crucifixión. ¿Por qué todo esto? Por nuestra salvación.

Pero no debemos limitarnos a considerar nada más los sufrimientos de Jesús. Hoy es un día para expresar nuestra gratitud y nuestro amor por Aquel que dio su vida por nosotros, que no se echó para atrás, que ofreció su cuerpo a los que le golpeaban y no ocultó su rostro a los insultos o salivazos. ¿Señor, cómo puedo pagarte tanto amor?

También hemos de aprender qué significa para nosotros el seguimiento de Cristo. Éste debe implicar un cambio interior, el aceptar día a día su Palabra como el criterio supremo para nuestra vida, quiere decir vivir entregándonos por los demás y por Dios. Se trata de una decisión fundamental para darle a Cristo desde ahora el primer lugar en nuestra vida.

Reflexión apostólica
Porque amo a Cristo, edifico la civilización de la justicia y la caridad cristianas.
Con la cruz, Jesús nos ha abierto de par en par las puertas del cielo, pero esta puerta es estrecha, requiere empeño, abnegación, mortificación del propio egoísmo y renuncia a todo aquello que constituye un obstáculo para amar mejor a Dios y a los demás.

Pero estas disposiciones lejos de significar indiferencia ante lo positivo de la vida, conllevan la liberación del corazón del egoísmo y nos abren al amor de Dios.

Esforcémonos por seguir a Jesús e imitarle, cargando como Él lo hizo con la propia cruz y ayudando a otros a cargar la suya.
Propósito
Buscaré vivir hoy con espíritu de penitencia (por ejemplo, cumpliendo mi deber aunque tenga desgana; sin huir de las tareas que resulten costosas, dedicando tiempo a alguien, ofreciendo una sonrisa aunque cueste, etc.)

El ejemplo de José

Sábado de la V Semana de Cuaresma
El ejemplo de José 

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Meditación
Al estar celebrando su fiesta, en la liturgia de la Iglesia, el Evangelio hoy nos introduce a la persona y a la misión de José. Él, como María, tenía sus planes muy definidos pero Dios los engrandeció. El compromiso de José con María adquiere, con la intervención de Dios, dimensión sobrenatural y una apertura a la autoridad paterna sublime y especial… Con todo, José no entendía lo que se le estaba presentando pero, ante el mensaje revelador de Dios, hay en él como lo hubo en María una disponibilidad total al Misterio, iniciando así una trascendente unión espiritual y una misma unión de corazones entre dos personas, en y con Cristo Jesús.

Hoy que repaso en silencio, la riqueza de la personalidad de José, me doy cuenta de que fue un hombre que, con Dios, se convirtió en santo, en una noche.
¿Qué aprender hoy de san José? Podría ser el silencio y la prudencia ante una situación que no se entiende; también, que al enfrentarnos con una dificultad, debemos reconocer que es humano el buscar una salida adecuada a nuestro criterio, mas no quedarse allí, sino abrirse en oración profunda a Dios pidiendo su luz y, al encontrarnos con sus criterios, obedecer en la fe. Con José, hoy veo la necesidad de darle a Dios, desde la fe, una respuesta de conversión.

Reflexión apostólica
Porque amo a Dios, amo su voluntad por encima de todo.
El amor busca siempre la unión, y nuestra unión con Dios se manifiesta y acrecienta en la medida que cumplimos con su voluntad. Es por eso, que el amor de Dios nos ha de impulsar a buscar conocer y hacer la voluntad divina, por costosa que sea y siempre con amor.

Qué hermoso programa de vida el de buscar hacer lo que Dios quiere y querer todo lo que Él permite en nuestra vida.

Propósito
Saber obedecer con gusto lo que se me pide.

Anunciando a Jesucristo

Viernes de la V Semana de Cuaresma
Anunciando a Jesucristo 

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 31-42
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, los judíos cogieron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: “He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?”

Le contestaron los judíos: “No te queremos por ninguna obra buena, sino por blasfemo, porque tú, no siendo más que un hombre, pretendes ser Dios”. Jesús les replicó: “¿No está escrito en su ley: Yo les he dicho: Ustedes son dioses? Ahora bien, si ahí se llama dioses a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede equivocarse), ¿cómo es que a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, me llaman blasfemo porque he dicho: ‘Soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre”.

Trataron entonces de apoderarse de él, pero se les escapó de las manos. Luego regresó Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado en un principio y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: “Juan no hizo ninguna señal prodigiosa; pero todo lo que Juan decía de éste, era verdad”. Y muchos creyeron en él allí.
Meditación
¡Cuántas manifestaciones del amor del Padre nos ha descubierto Jesucristo en la vida personal de cada uno! Y, ante el texto que hoy leemos, podemos convenir en que muchas veces no sólo hemos ignorado las bendiciones que nos prodiga en cosas concretas, sino que en esas ocasiones en las que nos llegan las pruebas, lo agredimos con dudas de fe y negando la esperanza. Así, aunque el Señor esté presente y cerca del hombre queriendo acompañarlo en todas sus circunstancias, si el orgullo de éste cierra en él la visión que la fe le procura, le damos la espalda al Amor y a la misericordia, negándonos a aceptar sus caminos.

A la luz del Evangelio veo, Señor, que toda labor apostólica hecha por Ti y para Ti da frutos en el tiempo y por ello te encontraste con la adhesión de la gente que Juan había preparado. Ante este testimonio me percato de la necesidad y de la importancia de no cejar en el esfuerzo de anunciar, con mi testimonio y mi palabra, tu Verdad a mis hermanos. ¡Que responsabilidad tenemos de anunciar con actitudes cristianas que Jesucristo está presente y que nos ama! Habrá personas que no tienen la cercanía o el acceso fácil a quien los puede formar en la fe, mas si cada cristiano con su vida hace patente el amor de Dios por todos sus hijos, está preparando a esas almas a encontrarse un día con Jesucristo.

Reflexión apostólica
Nuestra misión: invitar a otros a seguir a Cristo más de cerca.
La Iglesia tiene una gran necesidad de líderes católicos, de hombres motivados, formados, capacitados, que puedan ejercer un influjo positivo en la sociedad, ya sea por el testimonio, por la palabra, por la caridad y las obras apostólicas. En este sentido, todos podemos y debemos convertirnos en líderes cristianos auténticos en nuestro ambiente, de modo que ayudemos a los demás a hacer una experiencia personal de Cristo.

Propósito
Propiciar que las personas en mi entorno descubran las manifestaciones del amor de Dios en ellos.